El Ruido como Música de Masas

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>>  Luis Marte

 

Si consideramos al ruido como algo cotidiano y pensamos que cada uno de nosotros es a la vez un generador ambulante del mismo, involucrados como estamos dentro de las sociedades, entonces se nos hace imposible faltar a la hora de poner nuestra cuota. Cada paso de nuestras vidas ha quedado atado a un encuentro con el sonido para la ocasión. El oído es un sentido que no se puede dejar de utilizar en condiciones normales, entonces tengamos en cuenta que estamos inmersos en una gran composición acústica. En los lugares mas comunes se encuentra una gran cantidad de información sonora para tomar e investigar, y dentro de ésta, cada desecho sonoro se convierte en una pieza única que en soledad o unida a otros materiales, puede derivar en una composición mas compleja.

Denomino desecho sonoro a aquellos sonidos que son emitidos cotidianamente y no son provocados intencionalmente por los emisores. Si nos planteamos que constantemente estamos produciendo estos sonidos y no los tomamos en cuenta por lo rutinario, estamos frente a un simple desecho. El automatismo hace que no tengamos parámetro de la cantidad de estos desechos sonoros, y de cómo se fueron incrementando a través del tiempo. Una ciudad está brindando constantemente cantidad de estos desechos, lo interesante resulta acomodarnos a escuchar, a realizar un relevamiento auditivo donde tengamos en cuenta ciertas frecuencias, que podríamos denominar "sonidos armónicos" e "inarmónicos". Dentro de los primeros podemos incluir a los ruidos que son constantes y que forman un drone (sonido continuo que forma un colchón base en una determinada composición sonora) que escuchamos a diario en los distintos ámbitos y situaciones. Este drone invade nuestras vidas y no tomamos conciencia de ello por lo cotidiano que resulta. La riqueza de esta masa sonora varía según la zona, el ambiente, etc., provocando una modulación cambiante que se puede apreciar con el simple hecho de trasladarse de un lugar a otro. Incluso podríamos decir que dentro de una aglomeración urbana, forma una cierta armonía, un fluir sonoro. La particularidad de esta supuesta armonía reside en la percepción del ser humano. Precisamente esta habituación al drone determina el cambio de parámetros de la recepción. Esto significa que en realidad tendríamos sonidos que a veces no contienen la menor armonía, pero que dentro del drone y por fuerza de escucharlos permanentemente, se tornarían armónicos al oído.

Por otro lado tenemos las frecuencias inarmónicas, dentro de las cuales podemos incluir a todos los ruidos que sobresalen de la primera, por ejemplo, el típico ruido de un martillo neumático. Un ruido que no resulta cotidiano, por lo que no lo pasamos por alto, nos llama de alguna manera la atención. Estos ruidos son considerados molestos sin darnos cuenta que nuestro ambiente cotidiano está constantemente invadido por este tipo de sonidos, pero que al ser constantes nos acostumbramos a ellos. Por lo tanto queda claro que existen diferencias y que las percibimos. Y precisamente son estas diferencias las que resultan interesantes para el músico que trabaja con la grabación de campo.

Dentro de una comunidad, generalmente tenemos distintos grados de emisión sonora. Aún considerando a todo ser humano como emisor potencial, podemos decir que las personas mayores están predispuestas a la menor emisión de sonido. Esto resulta interesante como rezago de una sociedad intermedia entre Russolo y la actualidad. Es importante contemplar las molestias que causan en estas personas el actual nivel de ruido en las ciudades; hecho que nos ayuda a comprender las diferencias que mantienen, en cuanto a cultura sonora, con generaciones posteriores y realizar la comparación en el orden de cantidad de ruido y el acostumbramiento a este. Podemos medir así un pasado sonoro en alguno de ellos, y trazar una curva ascendente comparándolo con el de la actualidad. Esta curva nos llevará a un desarrollo artístico-sonoro con otras pautas. Vivir en medio del ruido es interesante desde este punto, y la cantidad de compositores que surgen en este nuevo medio es mayor y responde a la curva antes mencionada.

 

"Esta evolución de la música es paralela al multiplicarse de las máquinas, que colaboran por todas partes con el hombre. No sólo en las atmósferas fragorosas de las grandes ciudades, sino también en el campo, que hasta ayer fue normalmente silencioso, la máquina ha creado hoy tal variedad y concurrencia de ruidos, que el sonido puro, en su exigüidad y monotonía, ha dejado de suscitar emoción." Luigi Russolo (1913)

 

Tenemos que pensar en la sociedad tanto como transmisor así como receptor, ya que se emite y recibe de una manera automática e inconsciente, haciendo de los desechos sonoros un corta-pega constante que es lanzado al aire y recibido por el mismo individuo o masa de individuos, y que estos se convierten a su vez en compositores eventuales. Deducimos por tanto que estamos ante un fenómeno realmente global, que escapa a fronteras, idiomas y clases sociales.

El ruido como tal, está invadiendo nuestro desarrollo cotidiano, del que no tenemos tanta conciencia debido a que lo hemos aceptado como parte intrínseca de nuestras vidas. Desde este punto podemos decir que las composiciones sonoras ubicadas dentro de la manifestación artística llamada ruidismo (las etiquetas no son de mi agrado, pero a veces ayudan a identificar situaciones), comparten en cierto modo, muchos elementos con otros ciudadanos que, anónimamente, prestan sus instrumentos cotidianos (autos, mascotas, voces; en definitiva desecho sonoro) al servicio de esta experiencia.

Así nos encontramos ante una situación en que miles de personas intervienen en composiciones que no sólo no saben que existen si no que ni siquiera tienen noción de que son una forma de música.

 

"....la mayoría de la gente cree que cuando oye una pieza de música, no hacen nada sino que algo "se les está haciendo". Desde ahora esto ya no es verdad, y debemos disponerlo todo de tal manera que la gente se dé cuenta de que son ellos los que están haciendo, y no que algo se les está haciendo." John Cage

 

La ciudad se presta a ser monitoreada y reproducida, y lo que el artista hace al utilizar sus elementos de grabación, es hacer participar de su obra a cada una de las personas y circunstancias que lo rodean. A veces se tiene conciencia del espectro que se cubre con el trabajo de campo, pero en su gran mayoría el tiempo empleado suele darnos muchas sorpresas, apareciendo sonidos que no imaginábamos haber captado. Haciendo analogías con otras facetas del arte podemos decir que la fotografía documental y circunstancial es parecida al concepto que plantea este tipo de composición, donde quedan registradas imágenes de gente que jamás sabrá que ha sido retratada allí.

Podemos tomar el ruido como uno de los parámetros de expansión del ser humano y dentro de ese parámetro podemos analizar el crecimiento que este ha tenido desde los primeros textos referidos a su cruce con la composición sonora (Russuolo 1914). El avance de las sociedades trae atado contaminación de todo tipo, en nuestro caso la sonora produce uno de los fenómenos mas extraños, ya que el acostumbramiento a los ruidos se ha producido de una manera paralela a su crecimiento. "Hombres en ruido", esa sería una denominación correcta para describir el estado actual del ser humano en las ciudades. Donde quiera que nos movamos el ruido cubre cada parte de nuestra vida, es imposible discurrir el día sin ser penetrados y estremecidos por esta potente magnitud sensitiva. Estamos ante un fenómeno que ha ido creciendo, desde Luigi Russolo nuevamente con su manifiesto a principios del siglo XX, donde ya planteaba la cantidad de ruidos que habían invadido las costumbres humanas, hasta nuestros días, hemos tenido un incremento que ha pasado todos los valores normales. En los lugares mas comunes se encuentra una cantidad de esta información para tomar e investigar, cada desecho sonoro se convierte en una pieza única que en soledad o unida a otras, puede derivar en una composición mas compleja. Así tenemos que las ciudades y sus alrededores se han convertido en centros de abundancia sonora, con un interesante muestrario de frecuencias y situaciones que van desde las mas simples manifestaciones aisladas de ruidos a las complejas aglomeraciones de población, máquinas, automóviles, etc.

Podemos decir que la intervención involuntaria es riquísima y se puede convertir no en una música para las masas, sino en una música de las masas.

Tenemos aquí la música mas participativa que se haya escuchado jamás, la cantidad de intervinientes puede variar de solo uno a millones. Estamos frente a un fenómeno curioso, el del compositor a través de un emisor desconocido, mas aun, a una multitud de emisores desconocidos, el hombre-instrumento sonoro se nos presenta aquí. Podemos hacer el cruce con el llamado anteriormente desecho sonoro, aquí es donde justamente el individuo aporta esta interesante faceta al servicio del compositor, y este último se complementa documentando esos momentos sonoros para su posterior utilización. La simbiosis es perfecta, tenemos dos extremos interesantes para analizar, el del emisor y el receptor, y en este caso en especial el complemento de ida y vuelta es parcial, pues el artista sonoro toma las muestras para llevarlas a su estudio, donde se dedicara al posterior proceso y mezcla, luego editar el material y reproducirlo ante un número determinado de individuos. He aquí el carácter parcial, ya que no se devuelve el sonido a la masa de gente que lo produce. Entonces podemos decir que la ciudad es en realidad una gran composición sonora, y aquí el receptor y el emisor actúan no ya de forma parcial sino total, la masa de gente emite y recibe a la vez. En mayor o menor grado, la mayoría de los compositores han grabado grandes aglomeraciones de personas donde los participantes eran solamente un vehículo sonoro, tal vez ninguno de ellos se planteó la cantidad de individuos y cosas que intervenían en su trabajo, que la participación popular era una constante y que dejaban de lado el intimismo para realizar una composición comunitaria. Así, puesto que cada individuo participante se convierte en un igual dentro de la composición, podemos hablar de una especie de "comunismo" en el arte.

La percepción del artista se encuentra condicionada a ser un espía de lo que sucede y decidir sobre lo que las demás personas están brindando desde su expresión sonora. Participa desde este punto en la intimidad cotidiana de las personas y toma parte de ellas para realizar su obra. Esta realidad se convierte en pasos siguientes en una composición concreta, donde el artista decidirá sobre la cantidad y tipo de intervención, desde el proceso de mezcla, simplemente superponiendo o uniendo fragmentos de grabaciones, hasta el proceso sonoro para una deformación parcial o total de esta información. Este intimismo que muchos artistas de esta tendencia pretenden, en realidad se ve contaminado por estos conceptos de comunidad sonora, podemos involucrar a una población o parte de ella en nuestra obra, y desde este punto sería interesante plantearnos como se convierte en la música mas participativa de la que tengamos memoria en estos tiempos. El simple ejercicio de abrir una ventana se convierte en mi caso en un disparador para mis composiciones. Sonoramente estoy preso de la avenida que pasa a escasos metros de mi ventana, una de las mas concurridas de Buenos Aires, y en lo que llamamos aquí hora pico, el flujo de automóviles es uno de los mas grandes de la ciudad, ya que es una de las vías de escape hacia el oeste de Buenos Aires. En estos momentos estoy escuchando la obra Op. 1 (For 9 Strings) de Ryoji Ikeda, y he abierto la ventana por ventilación, la contaminación sonora es ahora insoportable, pero lleva algunos pasajes de concordancia, si se quiere un poco forzada, con la obra antes mencionada. Lejos de incomodarme el hecho del ruido permanente las 24 horas, acostumbro hacer muestras sonoras en distintas partes del día, incluso una de mis obras ha llevado como sello los sonidos que he podido captar un domingo, que es el día mas tranquilo (pero nunca silencioso) de la semana. A partir de esta costumbre de espiar el ruido, he concretado un proyecto que he llamado "Exploraciones Cotidianas", y lo que pretende es espiar sonoramente nuestras casas, esos sonidos que pasamos por alto, en mi caso atado al ruido constante de la calle.

Punto a parte de esta discusión sobre ruido, pero con mucho que ver desde el tema de la contaminación sonora. En este punto me planteo si la obra de un artista está verdaderamente terminada o se va remodelando constantemente en la escucha. Si verdaderamente cada sonido que rodea la ejecución en vivo o la escucha por cualquier medio de reproducción, pasa a ser parte circunstancial de esta, pasa a enriquecer o molestar la percepción del receptor. En este caso, como en muchos otros para mi, ha sido una grata experiencia, incluso desde mi punto de vista de compositor sonoro.

Quisiera hacer un alto para plantear una diferenciación en los sonidos que estoy considerando para este texto. Por un lado tenemos los sonidos naturales que son los que deberíamos escuchar habitualmente sin la intervención humana, simplemente son los sonidos que provoca la naturaleza misma. Por otro lado, tenemos el punto que me parece importante dentro de este desarrollo, que es el ruido provocado por el hombre pero de manera externa a lo natural, (aunque creo también que las ciudades, por ejemplo, son consecuencia natural del comportamiento humano). Precisamente el comportamiento humano hace que este desarrollo esté acompañado de variables que aumentan o disminuyen, estamos frente a una cuestión de procesamiento de lo cotidiano, este procesamiento lo podemos llamar de distintas maneras, la cuestión es donde uno se encuentra parado en el momento de poner cartel a la cosa, para algunos puede ser progreso, para otros retroceso. Pero para no desviarnos demasiado del tema, tenemos que pensar que hasta ahora, el llamado progreso ha traído consigo un aumento de la contaminación sonora, que como digo en otra parte del texto, está tan presente en nosotros que muchas veces lo pasamos por alto, y de no mediar algún hecho fuera de lo cotidiano que nos moleste o llame la atención, pasa desapercibida.

Si tenemos en cuenta que la cantidad de público interviniente puede cambiar según el lugar o situación, podemos darnos cuenta que la composición puede variar en intensidad y dinamismo, no ataremos lo anterior a la cantidad de personas, esto puede ser aleatorio, pero en todos los casos plantea una variación. Tal vez este sea un futuro, o por lo menos la alternativa a la música que escuchamos normalmente, ya tan quedada y repetitiva. Tal vez sea la forma nueva donde los que compongan no sean los músicos, sino todos en general. Quizás uno sea un simple "juntador" de experiencias que mezcla esa variedad para dar paso con su creatividad a una nueva masa sonora.

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